El arte de la tierra encierra muchos discursos, tanto estéticos como ideológicos. Su principal característica es la utilización o modificación de grandes espacios abiertos para la realización de obras plásticas.
Perteneciente a la corriente conceptual del arte, pondera el valor de la obra en el proceso de creación por encima de la obra como objeto terminado. El arte de la tierra tiene sus orígenes en los años 60, alcanzando su reafirmación hasta la década del 80. Este movimiento surge en un periodo de replanteamientos sociales e ideológicos. Retoma el carácter ritual del arte primitivo en donde el ser humano adquiere una conciencia diferente de su entorno ecológico y del papel que juega en el planeta, así como del rol que tiene en el cosmos.
El arte de la tierra asume una actitud critica ante la sociedad globalizada y ante prácticas establecidas en la creación, difusión y consumo del arte. Es una manifestación en contra de los espacios establecidos llámense museos o galerías. Sale de estos y lleva la obra a lugares como minas, bosques, desiertos, islas, volcanes y montañas. Los artistas de la tierra eligen el espacio, lo viven, lo analizan y lo intervienen, modifican el paisaje visual de forma efímera o permanente. El Festival de arte de la tierra, fue una experiencia plástica en la cual los artistas participantes tuvieron la oportunidad de modificar el espacio del Paricutin. Cada uno de ellos realizó sus obras a partir de una profunda reflexión del entorno, así como de la continua interacción con la gente de las comunidades vecinas.
Las obras que se expusieron en el festival fueron muy diversas; desde performances hasta arte sonoro; desde pequeñas instalaciones en las que el interés era acentuar la presencia del viento y su carácter modificador, hasta enormes geoglifos sobre el volcán o la zona de ceniza en los que se alude a la perdurabilidad física de los objetos y del entorno. Todas estas obras tan diferentes unas de otras, se conjugaron en un gran discurso en el que el Volcán Paricutín fue la gran obra de arte, en la que interactuaba en un mismo espacio artistas y espectadores.
El festival nos ofreció la oportunidad de replanteamientos, no solo en la experimentación de los creadores, al enfrentarse a un lugar tan imponente, también las comunidades vecinas al poder aprovechar otra faceta del espacio en el que habitan y por ultimo la sociedad en general, al poder entablar un dialogo distinto con su entorno ecológico, una conversación estética con la naturaleza.