“Recorrer el camino al volcán es siempre agotador, pero al llegar a la cima y contemplar el paisaje desde el cráter cualquier esfuerzo se ve recompensado. Lo mismo ocurre con el festival, el esfuerzo de un puñado de artistas y la solidaridad de los voluntarios por realizarlo al contemplar el resultado de dieciséis obras que conviven e interactúan con el espacio se ha visto más que recompensado, el coraje y la decisión ha nutrido el alma del artista al aferrarse a lo que le gusta hacer, a lo que necesita decir y cómo quiere decirlo, el aprendizaje y sensibilización que de ello deviene me parece que es lo más enriquecedor de este evento”.