Antonio y Carolina saltaron al vacío para hacer con palos y cuerdas una serie de personajes que representan seres distantes y dan cuenta (quitar) de un esfuerzo estoico.
“Ausentes” fue una serie de amarrados de palos dispuestos en dos sectores de arena, principalmente antropomorfos aunque también una de las figuras remitía a un caballo. Personajes de un mundo fantasma aparecidos desde recuerdos narrados con palos, sudor y hambres.
Carolina: “El recuerdo, la búsqueda de un lugar que por su grandeza me afectó y quedó guardado en mi memoria.”
Antonio: “La memoria, el recuerdo, la vivencia, el estar y no estar, el andar y el buscar.”
“Conforme pasaron los días vimos multiplicarse huellas en el camino, huellas que nosotros mismos marcamos tras cada recorrido que hicimos para llegar a nuestro “lugar de trabajo”. Esto nos hizo darnos cuenta de lo diferente que lucía el paisaje desde la última vez que nos encontramos en él. En nuestra imaginación perduraba la belleza de aquel lugar y sin embargo no ocurría lo mismo con el espacio; no recordábamos cuan extenso era y cada paso que dimos nos permitió conocer más los diferentes tramos del camino. Sin duda el festival nos dejó mucho, ya que, no es lo mismo ver que un lugar es grande y extenso, a darse cuenta realmente de que “es” extenso porque lo estas viviendo, lo estás recorriendo. Además la manera en que cada quien se sintió atraído por una parte del paisaje (en algunos casos lugares que parecían un refugio acogedor y en otros casos lugares más al descubierto, justo en medio del camino), tuvo que ver con la forma en que se vio afectado y convivir con tan distintas formas de apropiación del espacio es enriquecedor, en parte porque percibes aquellos sitios que no consideraste en un principio. También estar en Angahuan y convivir con gente del lugar nos permitió conocer un poco más las historias que hay alrededor del Paricutín, lo que completa las formas de ver, entender y percibir ese lugar”.