Armando anduvo las calles de los pueblos de la zona, entrando a las escuelas realizando una encuesta que generó una estadística sobre la felicidad, cuyas capturas transformó en flores que remiten a un jardín en las alturas. “El jardín de la felicidad” fue un conjunto de flores artificiales dentro de un cráter a escala junto al Volcán real. Flores de frases recolectadas y cráter hecho de Volcán, contesta a la siguiente pregunta y estarás en ese jardín: ¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida? Armando: “Poder pertenecer por algunos momentos a la intimidad de la gente de una región mediante un ejercicio de memoria y empatía”.
“La idea que tenía de la región, acabó por derrumbarse ante mis ojos y en mi mente. Esto solo pudo pasar en la interacción directa con los pobladores de Angahuan, en el pesado y espectacular camino hacia el espacio en donde iba a ser emplazada la obra y en el trato diario con los compañeros. Parecía que la estrategia que utilicé para realizar mi trabajo era la más directa y rápida, sin embargo, lo que el pueblo de Angahuan me hizo entender fue que debería primero yo adaptarme al espacio-tiempo de la gente, ¡claro, yo era el extraño, el loco que se paseaba por el pueblo haciendo preguntas“.