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Es aquí donde he querido trabajar: Esta inquietud comienza a partir de andar por los caminos que llevan hacia el volcán Paricutín, el sonido discreto del caminar por estas arenas, el cansancio de andar por largo rato y no hallar algún lugar donde descansar y cubrirse del sol, seguir caminando por mas tiempo y solo ver arbustos y pequeños pinos que son de los mismos que hay en los bosque cercanos. Estando caminando por estos parajes algunas preguntas saltan a mi mente:
¿Cómo eran los bosques de estas zonas de cenizas?
¿Que tan grandes eran estos árboles?
Después de todo solo quería descansar a la sombra de algún gran pino y los que estaban alrededor, no son tan altos como para poder hacerlo.
Ahora la oportunidad se me presenta así con estas grandes extensiones de zonas obscuras; mi intención es la de dibujar en las cenizas, es la de hacer trazos con las tierras de esta región, dibujar grandes sombras de tierra amarillo ocre y roja (que son los colores del suelo que quedo cubierto por la ceniza del volcán), hacer grandes trazos, tan grandes como me sea posible ya que el propio lugar me ubicara en la realidad del espacio, de su espacio.
El seleccionar las tierras de la región, responde a una relación de contraste, es decir; que lo que se representará como sombra será compuesto por la tierra de color, aparte de ser el elemento grafico y dejare a las cenizas lo que es el tono circundante que traducido al dibujo es la atmósfera.
Aquí hay tomar en cuenta que la propiedad física de la tierra que es su color amarillo o rojo y que no por ello es propio para hacer una pintura al menos para este proyecto no lo es. Muy al contrario esta propiedad física de la tierra que yo enfatizo es por su contraste con la ceniza y lo que busco es el elemento grafico es decir el trazo, la caligrafía, una calidad de línea que yo pueda hacer con dichas tierras.
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Los dibujos que realizó Flores Soto sobre la arena negra muestran las sombras de árboles que ya no existen. Altos pinos que posiblemente existieron ahí antes de la erupción del volcán. En esta obra el eje es la nostalgia de un bosque. Al realizarlo en un material muy ligado con la tierra y su contexto se convierte en una metáfora de recuerdos y del anhelo humano de encontrar la vida, de festejarla en un contexto finito y efímero. Con esta obra, Flores Soto, recuerda que estamos de paso por este mundo.