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La propuesta para el festival consiste de una serie de montajes sonoros que serán reproducidos simultáneamente en (hasta ahora) cuatro altavoces en Angahuan. Cada altavoz corresponde a una "pista" de la mezcla final que será lograda al coordinar los cuatro altavoces para reproducirse simultáneamente. El montaje tiene implícita cierta flexibilidad entre cada una de estas pistas, pues su sincronía será en medida aleatoria pues dependerá de la coordinación en tiempos específicos entre cada altavoz. La intervención sonora del espacio se divide en dos niveles.
Intervención a nivel físico.
La intervención física consiste en la "proyección" del sonido sobre el paisaje, aunque retórica, la mención de la proyección del sonido viene a cuenta por que el entorno de montes que rodea a Angahuan se convierte en un "reflector" y de igual modo en un filtro natural. Es decir, al dirigir el sonido sobre los montes, estos lo proyectan de regreso, pero el sonido no tiene el mismo cuerpo y esto no entendido unicamente como un fenómeno de "eco", porque a diferencia de éste, el sonido apreciado es un sonido filtrado por la superficie boscosa, la cual absorbe ciertas frecuencias rebotando sobre el pueblo algunos armónicos en una emisión resonante; esto resultado seguramente también por el "color" tan peculiar del sonido emitido desde los altavoces metálicos cuyas frecuencias seguramente se concentran en un rango alto.
Intervención a nivel de contexto.
El ubicar montajes donde normalmente se presentan anuncios para la comunidad en general. Ya deslizándome sobre las escabrosas laderas del "arte conceptual", (por encontrar una palabra referente, espero no exagerar) mi propuesta busca utilizar elementos históricos y anecdóticos que pueda localizar por medio de entrevistas, de testimonios grabados de los habitantes de esta bonita tierra y establecer un diálogo entre el sonido como materia física (por sus características presentará diversos comportamientos en cuanto a resonancia y armónicos) y el sonido como elemento narrativo (testimonios-entrevistas)
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El arte sonoro que Ramírez Castruita presentó se introdujo en todos los rincones del poblado de Angahuan. Sonidos de pájaros, rezos, instrumentos musicales y fragmentos de rituales se mezclaron y se reprodujeron por varios momentos durante los últimos días del festival. La población en un principio escuchaba los sonidos con desdén, conforme el mismo autor modificaba y replantaba su obra, la población prestaba cada ves más atención, hasta llegar al punto de guardar silencio por un instante, detenerse y escuchar. Esta obra logro integrar la población completa y sus sonidos, que por unos minutos formaron parte de esta acción.
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